viernes, 1 de enero de 2010

EL NORTE EN EL TOREO


Más que una profesión, el toreo es un sentimiento cargado de metas


EL NORTE EN EL TOREO



Oscar Eduardo Fernández Guillén.

Comentarista Taurino.

(Diario Frontera, 29/12/2009)


Definitivamente, el toreo no es botón que se prende a cualquier solapa para portarlo únicamente como un preciado adorno. A lo largo de la historia taurina se han conocido infinidad de vivencias de numerosos hombres que han sentido dentro de sí el duende de los toros, que han querido lucir dicha prenda, pero que no han pasado de tener más que una elevada afición y se han entregado a este mundo de otra manera, no precisamente citando astados con capote o muleta en mano.


Así, por ejemplo, el mundo de los toros cuenta con reconocidos pintores, periodistas, escritores, cronistas, comentaristas, fotógrafos, poetas, compositores, empresarios, aficionados prácticos, entre otras actividades y expresiones artísticas, que brotaron de ese basto manojo de taurófilos que en los albores de sus existencias soñaron con ser toreros, mas no lo lograron.


Por el contrario, también se han visto otras historias de conocidas personalidades que incursionaron en los ruedos como alternativa para salir de la más extrema pobreza, para cambiar sus duras vidas llenas de carencias por la fama y la fortuna; y que con el paso del tiempo terminaron siendo figuras indiscutibles del toreo. Auténticas vidas dignas de películas que no en vano sirvieron de inspiración para la gran pantalla durante el siglo XX.


Lo que marca la diferencia

Y a todo esto, ¿por qué unos llegan y otros no, si todos llevan consigo una loable afición?. Pues muy sencillo, el toreo es un arte que sólo puede ser expresado y transmitido en la misma medida en que se siente. Más que una actividad o una profesión es un sentimiento que se fortalece y encumbra paulatinamente con la madurez personal y la determinación de un norte a seguir. Ese norte que es el que empuja, inspira y conduce a alcanzar victorias en la batalla de la vida, con el objetivo de conquistarlo.


El norte en el toreo es claro para algunos, pero borroso o indefinido para otros. Y la mejor prueba de que existe o no dicho horizonte se verifica en las “maneras” y en los resultados artísticos de todo aquel que se ha entregado a este “Romance de Valentía”, tal y como llegó a definirlo sabiamente el aristócrata sevillano don Rafael de León y Arias de Saavedra, conde de Gómara y marqués del Valle de la Reina, en una de sus más célebres composiciones taurinas.


Más aún, y haciendo a un lado los datos numéricos para no herir susceptibilidades, la mejor manera de saber si existe un norte trazado y perseguido por los espadas de nuestro país se refleja en las aspiraciones y en los hechos de cada uno de ellos.


La búsqueda del Toro en el campo

El campo bravo es quizás la mejor escuela para todo torero. Estar allí a la vera del toro de lidia, viendo sus actitudes, sus características, su comportamiento, entre otras cosas, brinda amplios conocimientos y nutre las aptitudes del diestro. Lo prepara para su carrera.


La simbiosis entre el bienestar mental y físico es imprescindible. Y para el caso de la formación física y profesional no hay mejor alternativa que el campo, pues el toreo de salón si bien es un instrumento fundamental para adquirir conocimientos teóricos y técnicos de cómo saber manejar capas o muletas para lidiar las embestidas de cualquier burel, no llegará a ser sustituto cercano de las prácticas en el campo. Y, como es natural, el haber adoptado una u otra alternativa se evidencia en el desempeño ante la cara de los toros.


Lógicamente, el mundo taurino está particularmente revestido de suerte. Hay quienes por fortuna poseen el apoyo de ganaderos, los cuales ponen sus dehesas a disposición de toreros, novilleros o aspirantes; así como sus propios conocimientos y consejos. No obstante, existen otros sin apoyo de este tipo y, peor aún, algunos que no le dan la importancia que realmente amerita una preparación continua, a cuya falta de madurez y de profesionalismo deben el estancamiento, pues a veces olvidan que lidian toros y no corazones.


Horas o días en el campo bravo son incomparables a minutos de toreo de salón en una plaza de toros. Tomar uno u otro camino es una decisión que nace de ese norte que se ha delimitado en el toreo.


Escuelas Taurinas como instrumentos

Ahora bien, no se puede desechar la realidad de que también hay grupos de imberbes aficionados que sueñan con vestirse de luces y comienzan a perseguir ese norte apuntándose en la nómina de alumnos de escuelas taurinas, con el fin de recibir instrucciones y conocimientos teóricos y prácticos que los introduzcan en las suertes del toreo, de cómo ejecutar un lance o un pase según los cánones.


En ese sentido, es imperativo que algunas organizaciones de este tipo, que se han constituido para garantizar la renovación y continuidad de las generaciones de relevo, regulen su funcionamiento y establezcan sistemas de evaluaciones que permitan discernir cuando uno de sus aspirantes reúne las cualidades necesarias para seguir y evolucionar, y cuando otros no tengan aptitudes suficientes para ello. De esta manera no se crean falsas expectativas. Hay que actuar siempre con la verdad y apegados a la realidad.


Las escuelas taurinas del país deben luchar por lograr el grado de ser instituciones de donde egresen profesionales capacitados en el área taurina, y sean capaces de manejar en forma eficiente y con criterio propio las actividades, procesos y funciones relativas a la disciplina que éstas imparten.


Por tanto, uno de los nortes de ellas para 2010, que se prolongará para los años sucesivos, debe ser la formulación y puesta en práctica de una matriz curricular a nivel nacional. De esta manera los egresados se equipararán en formación indistintamente del lugar en donde funcione la escuela taurina a la que pertenezcan.


Para llegar a enfundarse en un vestido de torear es necesario poseer mucha constancia, dedicación, preparación, obediencia y excesiva afición. Torear es puro sentimiento, es comprender la fuerza de un animal poderoso cuya característica indómita sucumbe ante la inteligencia del hombre, presta a sumergirse en un aprendizaje continuo, y reunidos en la danza de la vida y la muerte, de la gloria y la tragedia.


Que en el 2010 se replanteen los nortes en el toreo, por el bien de la tauromaquia nacional.


Nerio Ramírez “El Tovareño”, torero en retiro que supo luchar y vencer los obstáculos para alcanzar su norte: el sueño de ser torero. (Foto: Cortesía J. Araujo “Castoreño”)

1 comentario:

  1. muy bien el escrito, refrescante, sencillo, facil de leer y digerir como lector, buena escuela tiene de la que deberían aprender algunos que se tildan de cronistas y comentaristas, que mantienen su vigencia del chisme, la zancadilla, la mentira y el plagio. Felicitaciones Sr. Oscar Fernández

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