lunes, 18 de octubre de 2010

REFLEXIÓN TAURINA


Por Lic. Germán A. Torres R.


Es incuestionable la importancia que a lo largo de la historia ha logrado el mundo taurino, la fiesta brava y su entorno, no sólo por su significación artístico-cultural sino también por su connotación socio-económica; la fiesta de los toros encierra un aspecto socio-cultural que excede sobradamente el limitado campo del mero espectáculo. Es el arte taurino o tauromaquia, en un concepto muy puntual, definido como la técnica y arte de torear, es decir, de lidiar y preparar los toros para su muerte, ahora bien el concepto por extensión es mucho más amplio y se remonta a sus orígenes y de manera acentuada a la España medieval cuando se complementa y relaciona con importantes y diversas actividades de los que hay innumerables testimonios entre los que vale la pena destacar su relación con las bellas artes en las que los valores plásticos se proyectan y están plasmados en la pintura, como por ejemplo, en las obras de Francisco de Goya y Lucientes, Pablo Picasso, o más remotamente en las pinturas rupestres de las cuevas de Altamira; su relación con la escultura observada en importantes obras como el Toro de Mitra expuesto en el British Museum de Londres o más recientemente las obras del colombiano Fernando Botero; también destaca su relación con la música, de manera especial con los géneros musicales de la opera como las de Georges Bizet y Francisco Barbieri, el flamenco y el pasodoble; su relación con la danza y el flamenco es materializada en infinidad de locales, academias de baile y espectáculos. Consideración aparte merece, por lo prolífica de ésta, su relación con la literatura que abarca desde los antiguos poetas griegos Sófocles, Hesíodo, pasando por Antonio Machado, Federico García Lorca o Rafael Alberti, hasta José Ortega y Gasset, Pablo Neruda y Octavio Paz, entre muchos otros autores contemporáneos.

Esta relación ha trascendido a otros campos mucho más técnicos y especializados cuyas actividades están generalmente canalizadas y reguladas por asociaciones y gremios específicos, cabe señalar, el sector educativo con la creación de múltiples escuelas de formación taurina (en las que se debe enseñar a combinar el arte con la técnica previo conocimiento de su historia y fundamento) diseminadas en diversos países desde que el Rey Fernando VII en el año de 1.830 creó la primera escuela en Sevilla hasta nuestros días en que la escuela de mayor relevancia es la escuela de tauromaquia de Madrid “Marcial Lalanda” dirigida por Gregorio Sánchez; también el sector ganadero en el que las ganaderías de casta se han tecnificado muy rápidamente facilitando la proliferación de éstas y la producción de encastes de calidad; en el sector médico ya se reconoce como una especialidad la cirugía taurina, actualizada permanentemente a través de los congresos internacionales de la especialidad; en el sector periodístico se considera a la crónica taurina como una modalidad del periodismo con importante figuración en los diferentes medios de comunicación la cual data del año 1.850; y en el sector turístico, el desarrollo del turismo taurino dirigido representa importantes ingresos económicos no sólo por la asistencia a los festejos taurinos sino también por las visitas gastronómicas dirigidas o eventos colaterales como visitas a ganaderías de lidia, museos taurinos, tablaos flamencos, etc.

En el orbe taurino que lo integran en primer orden España, México, Colombia, Francia, Perú, Ecuador, Portugal y Venezuela; aunque cabe destacar, la expansión que desde hace algunos años se presenta con la organización de festejos taurinos de manera esporádica en Estados Unidos, Guatemala, Bolivia, Costa Rica, Panamá, Rusia y recientemente en la China; la cifra estimada de festejos taurinos realizados anualmente ronda los 17.000

España donde tradicionalmente se desarrolla la actividad taurina más importante a nivel mundial cuenta con más de 410 plazas de toros activas algunas de las cuales datan del siglo XVII y 46 plazas activas datan del siglo XVIII, en sus campos pastan 536 ganaderías de toros de lidia con un área total de 297.187 hectáreas dedicadas a la cría de ganado bravo, de las cuales el 47% de las fincas y el 54% de las tierras están en Andalucía, 362 ganaderías están afiliadas a la Unión de Criadores de Toros de Lidia de España-U.C.T.L. la cual fue fundada en 1.905 y ostenta una cuota del mercado europeo del 77%, además existen otros 3 gremios que agrupan a los restantes 23% de los ganaderos de bravo como lo son la Asociación de Ganaderías de Lidia-A.G.L, la Agrupación Española de Ganaderos de Reses Bravas-A.E.G.R.B. y la Asociación de Ganaderos de Lidia Unidos-G.L.U., se realizan más de 13.000 festejos por año; al consolidar la actividad total del sector se estiman transacciones que superan los 400 millones de dólares, representando además una importante actividad de captación turística lo que agrega un valor significativo en la generación de recursos y empleo para el sector. En el resto de Europa tenemos el caso francés donde hay 38 ganaderos de bravo activos afiliados a la “Association dès Èleverus Français de Taureaux Braves” gremio fundado en 1.968, aunque no fue el primer gremio ya que anteriormente funcionó la “Union des Eleveurs de Taureaux de Combat” que fue fundada en 1.920 y en Portugal donde existen actualmente 91 ganaderías de bravo.

Otro ejemplo positivo, lo podemos apreciar en la vecina Colombia donde su calendario taurino anual es muy intenso el cual convoca a una importante cantidad de visitantes de todo el mundo para presenciar la participación de las figuras toreras del momento; Colombia cuenta con la cabaña brava más importante de Suramérica contando con más de 75 ganaderías activas, la mayoría afiliadas a la Asociación de Criadores de Toros de Lidia de Colombia-A.S.T.O.L.C.O. ente fundado en 1.961, y en su mayoría con capacidad de exportación, además existen otros gremios como Asobravo, Ganalidia o Asolidia, los que cuentan con el aval de la Federación de Ganaderos de Colombia-Fedegan-; cuenta también con relevantes y reconocidas plazas de toros en las que se realizan alrededor de 450 festejos por año e importantes escuelas taurinas de las que han surgido reconocidas figuras del toreo;  y que decir de las más de 300 plazas de toros vigentes en México y las 297 ganaderías de bravo que están afiliadas a la Asociación Nacional de Criadores de Toros de Lidia-A.N.C.T.L., entidad fundada en 1.930.

Lo anterior contrasta con lo que sucede en nuestro país donde la organización de estos eventos en su mayoría genera grandes pérdidas económicas para promotores y municipios por la inadecuada organización de los mismos, apenas se cuenta con 26 ganaderías de bravo, afiliadas a la Asociación Venezolana de Criadores de Toros de Lidia-A.V.C.T.L. que data de 1.968, de las cuales sólo 15 ganaderías están activas pero con severos índices de subutilización y capacidad ociosa, por supuesto hay excepciones, en su conjunto el área total destinada a la cría de ganado bravo no llega a las 10.000 hectáreas, sólo están activas 10 plazas fijas, los festejos realizados a duras penas suman 100 por año y en su mayoría son realizados en plazas portátiles y lo más grave es que apenas funcionan 4 escuelas taurinas sin mayor importancia en la estructura organizativa taurina, en las que el mayor énfasis se da a la formación práctica, obviando el estudio de la teoría, fundamentos e historia de la tauromaquia, así como otros aspectos básicos de cultura general, siendo casi autodidacta la formación de la mayoría de los toreros nacionales, por lo que se vislumbra una situación en extremo difícil para la generación de relevo nacional que aspire a optar por el Doctorado en Tauromaquia. 

Tal es su significación cultural, turística y religiosa en sus fiestas patronales, que desde sus orígenes la Fiesta Brava y sus festejos taurinos han formado parte integral de cualquier calendario festivo en el orbe hispanoamericano y por supuesto Venezuela, a donde el ganado bravo llega de la mano de los frailes españoles que lo utilizaban para cuidar el resto del ganado en las grandes haciendas de entonces, y donde esta actividad es para una inmensa población parte de la tradición e identidad nacional desde que en el año de 1.527 y a raíz del nacimiento del Rey Felipe II se celebró la efemérides con un festejo taurino en la Isla de Cubagua, más tarde, en 1567 en Nirgua, entonces Nueva Jerez, don Diego de Losada conmemoró el Día de San Sebastián en su camino al Valle de los Caracas que culminaría con la fundación de la capital de Venezuela en la que en el año de 1.610 se diera la primera corrida en la Plaza de la Candelaria. No se concibe una Feria Internacional de San Sebastián en San Cristóbal o una Feria Internacional del Sol en Mérida o la Feria Internacional de Valencia, la de La Chinita en Maracaibo o la Feria de San José en Maracay y la de tantas más ciudades y poblaciones del país sin que en su estructura programática juegue un papel protagónico y preponderante la actividad taurina, en Caracas se presentó con gran relevancia la Feria de Caracas o conocida como la Feria de Octubre.

Ha sido históricamente tan grande el número de aficionados taurinos de la región capital que el 26 de Enero de 1.919 se inaugura el Coso de San Martín o Nuevo Circo de Caracas cuyo aforo era de 9.700 personas, es decir, el 10% de la población caraqueña según censos de la época, registrando llenos históricos incluso cuando en esa época funcionó activamente y muy cerca de éste, hasta su demolición en el año de 1.945, el coso taurino Circo Metropolitano de Caracas que contaba 6.000 localidades el cual fue inaugurado en 1.896, pero antes de esto el 25 de Diciembre de 1.864 se inaugura en Caracas, entre las esquinas de Reducto a Glorieta, la Plaza de Toros Falcón por la cuadrilla de Elías Martínez, el día de su estreno acudieron 5.000 personas. Como dato histórico vale recordar que muy cerca de Caracas existió el Nuevo Circo guaireño, construido en 1.881 en el cerro del fortín de El Colorado, se reinauguró en 1921 con un singular mano a mano de dos matadores que eran padre e hijo, Vicente Mendoza “El Niño” y Julio Mendoza Palma.

Es incomprensible que en el año de 1.997 se haya clausurado irresponsablemente el Nuevo Circo de Caracas, lo que trajo como consecuencia que la emblemática feria taurina caraqueña desapareciera, afortunadamente a partir de 2006 ha habido una solución concertada para restaurarlo y reabrirlo. Se añora las décadas de los 40 a los 70, que marcaron el auge de la fiesta brava venezolana en las que en algunos años se lograron realizar hasta 60 festejos taurinos en el Nuevo Circo caraqueño lo que justificó la gran importación de ganado bravo mexicano.

El 24 de julio de 1.985 se da en Caracas una pintoresca efemérides el maestro Billo Frómeta dirigiendo su orquesta en lo que se llamo la “Corrida de Caracas” estrenó el pasodoble Nuevo Circo en ese mismo coso. En esta corrida Antonio Chenel “Antoñete” toreó por última vez en Venezuela alternando con Bernardo Valencia y Morenito de Maracay ante astados de la ganadería de Luis Gandica divisa (blanco y oro) que esa tarde alcanzó su antigüedad.

Venezuela después de haber contado con cuotas casi insuperables de importancia desde inicios de la década de los treinta ocupando los primeros lugares en importancia taurina a nivel mundial, lamentablemente hoy esta rezagada a los últimos lugares, trayendo como consecuencia una marcada recesión en todos los sectores relacionados con la actividad taurina y generando consecuencias desfavorables tanto a nivel económico como laboral, con las implicaciones sociales y sectoriales que esto conlleva.

Cuando Venezuela vive una de las etapas más tristes de su historia taurina, todos los aficionados, interesados y vinculados a este mundo taurino tenemos que asumir con gran responsabilidad iniciativas que debemos cumplir en la medida de nuestras posibilidades, para de manera positiva apoyar y realizar acciones conducentes al restablecimiento de la categoría, distinción e importancia de la actividad taurina venezolana, para salvaguardar y rescatar nuestras plazas de toros y para acrecentar el interés compartido en favor de la prosperidad de nuestra fiesta brava, así como, también inducir de manera estable y permanente su crecimiento sectorial con el consecuente beneficio socio-económico para el país y en particular de las ciudades sedes y sus habitantes.


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